
George Costanza merece todo nuestro respeto. Sabe que su vida es un completo desastre, pero está dispuesto a cambiarla: http://bit.ly/Georgeyelcambio
Casi todas las empresas tienen algo de Costanza. Un área insegura, un proyecto olvidado, un cliente eternamente insatisfecho, un equipo frustrado.
Sin embargo, las personas como George, dispuestas a levantar la mano y anunciar ganas de cambio no abundan. Es más, de esas hay pocas. PoquÃsimas.
Desgraciadamente los que temen el cambio suelen ser los primeros en hablar, alto y claro, a veces incluso perdiendo de vista la realidad objetiva.
Y los que se beneficiarÃan de ese cambio no creen en él. Asà que se quedan donde están, quietecitos y en silencio.
¿El resultado? Todo queda inmóvil.
DeberÃamos aprender de Costanza. El secreto está en empezar por algo pequeño, un detalle aparentemente trivial. Como en esta escena: un simple cambio de menú, por ejemplo, lleva a grandes resultados.
¿Por qué nos obcecamos en pensar que el cambio debe ser siempre enorme y radical? ¿Por qué dejamos que el miedo a teñirnos por completo nos inmovilice cuando podrÃamos simplemente empezar por unas mechas?
Voy a buscar algún detalle que cambiar hoy. Me muero de ganas de saber qué oportunidades esconde.






Paraliza mucho el querer abarcar y cambiarlo todo, es lo que tiene el afán de perfección. Uno de los temas más recurrentes de mi trabajo como organizadora es el de guiar a la gente para atacar un “caos” a la vez y no dejarles pasar al siguiente mientras no esté resuelto. Y no sabes como cuesta.