Ya casi no se encuentran esos carteles de ‘El cliente tiene siempre razón’. Antes los veíamos en las paredes de bares, gestorías, lavanderías y peluqueros. Todos lo colgaban porque aquella era una promesa fácil de mantener. A fin de cuentas con el cliente casi nunca se discutía. Los negocios eran los ‘de toda la vida’ y el cliente iba a ellos pretendiendo poco, fundamentalmente porque no conocía otra cosa.
Eso se acabó. Leer más









